lunes, 11 de octubre de 2010

Rencor o perdón

He pensado muchas veces en mi vida acerca de la dualidad existente entre el perdón y el rencor. Mucha gente opina que se trata de conceptos indivisibles, que por mucho que uno quiera no se puede dejar de guardar rencor a pesar de poder perdonar. Otros opinan que uno no perdona de verdad si en el fondo sigue guardando rencor a quien le ha hecho daño. Es aquí donde toma valor esa famosa frase, más propia de un western que del siglo XXI, "Perdono pero no olvido". Quien dice eso no sabe perdonar. Ni tiene intención de aprender. No se puede perdonar amenazando. Yo soy de la opinión de que todo depende de lo que uno tenga que perdonar.

De lo que sí estoy seguro es de que sólo la gente que sabe pedir perdón a tiempo podrá sentir la tranquilidad que le permita levantarse todos los días con la cabeza alta. Existen personas que por mucho que sepan que han cometido un error no serán capaces durante toda su existencia de pedir perdón, y lo peor de todo es que no saben el daño que se infringen a sí mismo tomando ese camino. El ser humano ha nacido para ser imperfecto y equivocarse, de eso no hay duda, por lo tanto en su propia naturaleza debería residir el gen del arrepentimiento, de esa acción que le permita limpiar ese mal sentimiento que todos tenemos cuando sabemos que nos hemos equivocado; que sin quererlo hemos podido hacer daño a alguien o incluso que se lo hemos hecho de forma premeditada.

Esa capacidad de pedir perdón es un paso para hacer mejor a las personas. Es algo muy similar a lo que ocurre con las personas que no saben admitir sus errores. Que siempre piensan que las cosas han salido mal por culpa de otros. Cuando alguien no es capaz de admitir que ha hecho algo mal (todos lo hacemos) nunca será capaz de corregirlo y de esa manera no evolucionará como individuo. Pero esa aceptación de la imperfección debe ser sincera, de nada sirve decir que uno se ha equivocado si realmente no piensa que es así. Aunque peor aún es no aceptarlo nunca.

Pero lo que se debe tener siempre muy claro es que el perdón requiere de dos partes, de nada sirve pedir perdón si quien debe aceptarlo no lo hace, y por desgracia muchas veces eso ocurre. Existen actos, comportamientos, actitudes que no se pueden perdonar de buenas a primeras. Que sólo el tiempo, y no siempre, puede permitir perdonar. ¿Cuánto tiempo? ¿Cómo hacerlo?. Normalmente ni uno mismo tiene la capacidad de decidir esas cuestiones. De repente un día se siente que ha llegado el momento y la situación en la que debe pasar página, borrar cualquier recuerdo amargo que no le permita aceptar esas disculpas. Pero eso es muchas veces demasiado complicado por el daño sufrido.

El rencor (Resentimiento arraigado y persistente. RAE) podría considerarse lo contrario del perdón, aquello que impide a alguien aceptar las disculpas. Es algo que pasa a formar parte del individuo, un lado oscuro que sólo se muestra cuando uno se refiere a esas experiencias o personas que le han hecho sentirse así, pero que se lleva dentro al fin y al cabo. No es para nada aconsejable vivir la vida desde ese sentimiento, pero tal y como pasaba con el perdón, muchas veces uno no tiene elección; es su propia naturaleza la que le obliga a sentirlo.

Espero que no parezca que estas líneas están escritas desde ese rencor que acabo de definir en estas líneas, aunque muchas veces como también decía es imposible no hacerlo cuando las experiencias te han llevado a ese punto. Tal y como indicaba al principio todo depende de lo que uno tenga que perdonar. Al final puede que las frases de los western no vayan tan desencaminadas.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Algo se muere en el alma

El 8 de febrero de 2008 comenzaba una de las etapas más importantes en todos los aspectos que me ha tocado vivir. A veces disfrutar y otras sufrir. Tras un debate moral inevitable en este tipo de circunstancias decidía cambiar un trabajo estable, en una empresa modélica, codo con codo con uno de mis mejores amigos por una empresa medianamente joven, con muy buenas intenciones y olor a proyecto ganador.

Han pasado ya más de dos años y medio desde aquel día en que entraba por las puertas de Neomedia tímido y distante pero con ganas de comerme el mundo. Dos años y medio en los que he vivido más de lo que mucha gente vive a lo largo de toda su vida. Durante todo ese tiempo he podido compartir vivencias, experiencias, conocimiento con auténticos superclases del mundo de las telecomunicaciones. Cracks de los que he intentado aprender las 24 horas del día, sacando lo mejor de cada uno de ellos.

Aún tengo frescos esos diseños de red que comenzaban en un papel en blanco y Pablo y yo convertíamos en un auténtico Picasso. O esa mítica conversación telefónica con Embid convirtiendo un desastre en el mayor de los éxitos. Por no hablar de aquel día en el que todo pasó del más absoluto fracaso al más rotundo de los éxitos con sólo introducir cuatro letras blancas sobre una pantalla negra. Inolvidables fueron también mis visitas para hacer del FIB un lugar mejor. Todo eso y mucho más quedará en mis adentros para siempre.

Pero lo que más quedará en mis adentros serán las personas. Nunca en mi vida he visto ni creo que vuelva a ver un grupo humano como el que he podido compartir durante estos dos años y medio. Y me refiero a grupo humano, no a conocimiento o inteligencia. Gente con los mismos valores en los que uno se podía apoyar siempre que lo necesitaba. Personas que ponían muy cerca la frontera entre compañero de trabajo y amigo, llegando incluso a cruzarla. Y esa era la base del éxito del proyecto. Cualquier empresa del mundo mataría por contar con ese valor que yo jamás he conocido en un grado tan superlativo.

Lo mejor de todo es que ese grupo esté donde esté seguirá siendo el mismo. La sinergia existirá siempre entre esas personas que han sido capaces de hacer lo que poca gente estaría dispuesta a hacer. Los caminos de cada uno les llevará a puntos diferentes del mundo, pero esa sinergia les unirá, yo creo, para siempre.

Pero como es normal no todo ha sido de color de rosa. Sin duda lo peor ha sido perder por el camino a gente con la que he compartido mis más íntimas confidencias. Gente que ha quedado lejos por motivos que no son responsabilidad ni mía ni de ellos. Pero con los que también estoy seguro de recuperar aquellos momentos vividos, esas risas pegadizas, esos romances clandestinos (no míos claro),...Desde estas líneas os pido perdón por lo olvidados que os he tenido durante más de un año, pero todos sabemos que era lo mejor para todos en ese momento.

A nivel profesional he descubierto hacia dónde quiero que se dirija mi carrera, algo que siendo sincero no tenía nada, nada claro. En este tiempo he descubierto mis virtudes y defectos profesionales y los creo haber sabido encaminar hacia un perfil que responde a mis características. Ese sin duda es el mayor valor profesional que extraigo de esta experiencia. No es fácil poder decir "ya sé lo que quiero ser de mayor", pero ahora mismo yo lo podría decir con la boca bien grande.

Pero si algo me ha enseñado Neomedia durante estos dos años y medio ha sido sin duda a convertirme en un hombre. He tenido que tomar muchas y muy difíciles decisiones a lo largo de esta etapa. La mayoría de ellas profesionales, otras personales. Decisiones que me han obligado a madurar antes de lo que mi cuerpo tenía previsto. Me han obligado a afrontar situaciones que uno no espera vivir en su vida. Pero de todas ellas he salido airoso y lo mejor de todo con la cabeza muy muy alta.

No ha sido una decisión nada, nada fácil, pero mi cuerpo ha dicho basta y ante eso no hay voluntad, ánimo o fuerza que pueda combatir. He perdido la ilusión y eso me ha servido para darme cuenta de que ése y no otro es el motor de las cosas. Sin ilusión no somos más que un títere que necesita que sean los demás los que le obliguen a hacer las cosas, y ese no soy yo ni la imagen que quiero que quede de mí.

Siempre me quedaré con lo mejor de todos y cada uno de mis compañeros e intentaré borrar la cara B de las cosas, esa que todos tenemos pero que sólo enseñamos en momentos muy puntuales de la vida.

Gracias por todo lo que me has dejado vivir entre tus cuatro paredes, Neomedia.

martes, 10 de agosto de 2010

Las vacaciones como terapia

Mañana comienzan mis vacaciones. Esa parte del año donde uno se olvida de todo para centrarse en un solo objetivo: ser feliz. Necesarias sería una forma de definirlas, pero se quedaría muy corta en mi caso.

Tengo por costumbre tomármelas como el inicio de algo nuevo. Nuevos propósitos para la vuelta, nuevos proyectos, nuevas ideas, ilusiones renovadas. Mucha gente se plantea todos estos cambios para el comienzo del año, pero para mí no existe mejor etapa que el momento en el que de verdad puedes desconectar del agotador día a día para pensar con claridad en esos importantes cambios, son sin duda el mejor punto de partida para cualquier reflexión.

Las vacaciones resultan posiblemente en la más reparadora de las terapias que he conocido. Da igual que uno las emplee para un largo viaje transoceánico, para unos extraordinarios circuitos termales o para bajar a la playa de enfrente de su casa, lo importante es la terapia que de forma automática aplican al ser humano. Uno se olvida de repente de todo cuanto perturba su día a día. Siente una sensación de despresurización enorme. Atrás quedan clientes y proveedores, de frente esa gente que te recibe todos los días con la más sincera de las sonrisas, esa gente capaz de reparar el más oscuro de tus días. Olvidados proyectos y presupuestos, uno debe centrarse sólo en pensar en que le depara cada nuevo día, aprovechar al máximo todos y cada uno de los minutos que le regala la vida.

Es en ese momento en el que me encontraré esta misma tarde. Desde las navidades no he recibido esa bendita terapia y sinceramente creo que me encuentro en el momento de mayor necesidad de mi corta vida. Uno mira hacia atrás y se da cuenta de cómo han cambiado las cosas desde la última vez que abandonó la oficina diciendo “me voy de vacaciones”. En la calle hacía frío, mucho frío y en mi cabeza los pensamientos estaban muy desordenados, lo que un día era blanco al día siguiente era negro. Aquellas vacaciones me ayudaron en gran medida a aprender otra forma de afrontar las cosas. De repente el blanco se tornó en un manso gris y el negro se convirtió en un gris oscuro. Este cambio permitía en gran medida suavizar el impacto de los cambios en mi entorno en mi estado de ánimo. Ahora ya no pasaría del blanco al negro. Ahora todo sería entre grises. Y eso facilitaría en gran medida la forma de afrontar el día a día. No puedo más que aconsejaros que le echéis un oído a la espectacular “The beauty of gray“ del grupo Live cuyo estribillo debería ser el lema de cualquier vida humana: “No es un mundo en blanco y negro. Para estar vivo los colores deberían mezclarse y así quizás podremos apreciar la belleza del gris”. De buenas a primeras se ha convertido en un himno automotivador para mí.

Han pasado ocho meses desde entonces y esas reflexiones en tonos grises me han ayudado muchísimo a mejorar mi calidad de vida. A no cambiar de opinión como de dirección lo hace el viento. A mantenerme firme en mis creencias y mis valores. Y eso en definitiva me ha ayudado a ser mucho más feliz. Todo eso se lo debo a esa bendita terapia de la que hablaba, las vacaciones, que me ayudaron en su día a relativizar las cosas, a no darle más importancia de la que realmente tienen. Pero está claro que eso no es posible pensarlo en el arduo día a día entre prisas, estrés y malas caras. Eso sólo puede pensarse mientras uno disfruta de sus momentos de paz, de sus vacaciones.

Y si aquellas vacaciones me ayudaron a aprender a afrontar las cosas, éstas tienen en sí mismas otros objetivos muy diferentes. Ahora que uno se ha vuelto mucho más impermeable ante cuanto pasa a su alrededor es tiempo de dedicarse a sí mismo y a su gente querida. A dedicar todos sus esfuerzos a un único fin, la felicidad de todo cuanto quiere. 19 días, 456 horas, 27.360 minutos para llenarlos de todo cuanto a uno se le ocurra de cara a cargar las pilas para nuevos retos, nuevas etapas, cambios quizás, en definitiva todo cuanto la renovada ilusión pueda ser capaz de abarcar.


martes, 3 de agosto de 2010

El optimismo, una obligación

Aún resuenan en mi cabeza las sabias palabras de un psicólogo que mi madre hizo suyas hace unas semanas: “El optimismo debería ser una obligación”. Seguramente a la gran mayoría le sonarán a palabras demagógicas, de esas que son fáciles de decir para quien ha “nacido optimista”. Porque eso “se nace”, es como el color del pelo, ¿no?. De esas que se dicen por decir, por quedar bien. Pero nada más lejos de la realidad. Si uno somete dichas palabras a un análisis algo más concienzudo podrá darse cuenta de que en efecto están cargadas de razón. Intentaré explicarlo sin parecer el típico optimista que pone de los nervios a los “optimistas con experiencia”.

Desde nuestros primeros pasos recibimos numerosas lecciones para hacer las cosas bien, según dicta la sociedad en la que a uno le ha tocado vivir. Intentando construir buenas personas recibimos años y años de educación de todo tipo: religiosa, pública, privada,…Conforme nos vamos haciendo mayores y nos toca ir aplicando dichas directrices para ir tomando decisiones y llevando a cabo actuaciones de más enjundia que pintar en un folio con Plastidecor, nos vamos dando cuenta de que no siempre se pueden hacer las cosas de la mejor manera, de esa en la que nos han enseñado que es la correcta. Pero de lo que no cabe duda es que cualquier ser humano que se precie intentará por defecto hacer las cosas de la mejor manera posible, con buena intención, como le han enseñado.

No comparto para nada las aseveraciones del tipo “Yo soy así desde pequeñito” o “¿qué voy a hacer si he nacido así?”. No me gustan por la sencilla razón de que parece que uno sale de la placenta en la que ha vivido nueve meses y ya tiene un carácter definido, imperturbable Conforme rompe el llanto ya podemos saber si será mala o buena persona. Si será agresivo o pacífico. No me gustan esas palabras porque me parecen tremendamente conformistas y antievolutivas. En mi modesta opinión cuando vemos la luz por primera vez no somos más que una blanca esponja seca capaz de absorber todo cuanto tenemos a nuestro alrededor. En función de qué absorba esa esponja seremos un tipo u otro de persona, pero durante toda, absolutamente toda la vida estamos absorbiendo para dar color a esa esponja. Lo que sí es cierto es que cuando uno ha estado años absorbiendo el color negro y luego quiere pintar en amarillo tendrá mayor dificultad para eliminar las tonalidades negras de su pintura. Con el paso del tiempo la pintura se seca y es más difícil hacerla desaparecer. Pero por supuesto que dichas tonalidades pueden llegar a eliminarse del todo y ser sustituidas por un amarillo intenso, si no fuera así el ser humano no evolucionaría a lo largo de su vida. No voy a negar que existen condiciones genéticas que forjan la personalidad de un ser humano, pero pensar que esas condiciones son inamovibles es rendirse muy pronto, antes incluso de que empiece la vida, y eso resulta un poco triste.

Os preguntaréis qué tendrá que ver todo esto con el optimismo y con la frase que da título a este post. La respuesta es muy sencilla: el ser humano es educable y el optimismo, como las buenas intenciones de las que hablaba antes, debería ser el punto de partida de nuestros actos y decisiones. El optimismo no es más que una actitud frente a la vida, una predisposición a ver las cosas del mejor color posible, el vaso medio lleno.

Con todo esto intento refrendar mi opinión de que uno no nace, se hace. Y dentro de ese hacerse, alguien debería enseñarnos en el parvulario, la escuela, la Universidad y dondequiera que se ofrezcan lecciones, cómo afrontar la vida con optimismo. La razón es muy sencilla, el optimismo es una visión de la vida que mejora la calidad de la misma. He mantenido y disfrutado de conversaciones al respecto del optimismo de todos los gustos y colores. En la mayoría surgen frases como “no soy pesimista, sino optimista con experiencia” o “qué fácil es decir eso cuando todo te va bien”. Ambas son respetables, pero sintiéndolo mucho no puedo compartirlas. En la vida todos hemos tenido experiencias duras que nos han enseñado a pensar las cosas antes de tropezar dos veces con la misma piedra pero eso no quiere decir que uno tenga que dejar de ser optimista. La próxima vez seguirá siéndolo pero posiblemente actúe de otra manera para no pasarlo mal por segunda vez.

Es curioso el caso que se da en este tipo de circunstancias. Una persona pesimista se quedará sólo con las cosas malas de dicha experiencia (a pesar de que puedan ser muy pocas) para auto convencerse de que su actitud es la apropiada y que la debe repetir en el futuro. Mientras, en la misma experiencia una persona optimista se quedará con lo bueno (a pesar de que pueda ser muy poco) para creer que ha hecho lo apropiado y repetir la próxima vez esas cosas que le han parecido buenas corrigiendo las que no lo hayan sido.

La mejor forma de explicar esas diferentes formas de vida es mediante un ejemplo. Cuando se da una situación de incertidumbre siempre suelen ofrecerse como mínimo dos posibles soluciones (una buena y una mala). Una persona pesimista emplea como modus operandi ponerse siempre en el peor de los casos para luego llevarse una alegría mucho mayor. Por defecto se suele pensar que pasar de un extremo a otro da más “gustillo” que estar ya en el otro extremo esperando la confirmación. No sé quién habrá dado eso por hecho pero el simple hecho de comprobar las reacciones ante una solución positiva desmonta cualquier argumento. En el caso de que esa sea la solución a la incertidumbre optimista y pesimista se abrazarán y saltarán de alegría, compartiendo un enorme y equitativo sentimiento de felicidad.

En el caso de que la resolución no sea la deseada el pesimista dirá que ya lo había avisado y el optimista que la próxima vez será. Al final la sensación será la misma, una enorme tristeza por no obtener el resultado deseado. La principal diferencia radica en que durante el periodo de incertidumbre el pesimista, de forma inevitable, incontrolada e intrínseca al ser humano, ha estado pensando en cómo iban a ser las cosas cuando se diera la mala solución provocando sensaciones negativas (hundimiento, tristeza,…) mientras que el optimista ha hecho todo lo contrario, pensar en cómo iban a ser las cosas cuando se diera la buena solución con lo que los sentimientos son todos los contrarios (motivación, ilusión,…). Se tiende a pensar que el sentimiento de desilusión es mayor en una persona que se pone en el mejor de los casos, pero precisamente es esa predisposición la que suele ayudar a recuperarse con mayor facilidad de las malas respuestas que se presentan en la vida.

Este tipo de situaciones se dan a diario para afrontar cualquier situación que conlleve un mínimo nivel de incertidumbre, con lo que aprender a ser optimista ayuda en gran medida a llevar mejor el día y cuantas incertidumbres se plantean en el mismo. Al fin y al cabo cuesta lo mismo afrontar las cosas de una u otra manera y lo que está claro es que una de ellas sólo aporta cautela y precaución ante una mala respuesta que provocará el misma daño a todos. Es un debate que puede resultar infinito, pero en el que siempre saco la misma conclusión: el optimismo debería ser una obligación. Por lo menos tener la predisposición a serlo, si luego no se consigue no pasa nada, pero intentar serlo debería ser una obligación.

Sé que este texto puede dar que pensar a aquellos que toman a los optimistas por locos o genéticamente diferentes, pero su única intención es intentar demostrar que la vida, que es en sí una incertidumbre, es más llevadera cuando se afronta con optimismo y que el mismo no es imposible de aprender si no que si uno pone de su parte aún puede hacer que su esponja puede pasar de ser negra a ser del amarillo más brillante que uno pueda imaginar.


viernes, 30 de julio de 2010

El colectivo como clave del éxito

Durante más de 15 años he seguido una de mis grandes pasiones, el deporte, a través de Carrusel Deportivo. En cuanto un balón echaba a rodar y no tenía una tele cerca echaba mano de mi pequeña Sony plateada (gracias hermano por el regalo más duradero de mi vida) sintonizaba la 99.1 FM y me predisponía a pasar un gran rato con esa pandilla de locos que radiaban la jornada de liga.

Todo esto viene a cuento porque Carrusel ha muerto. Y no ha muerto porque lo hayan sacado de la parrilla. Tampoco porque hayan cambiado el formato del programa. Ha muerto porque han cambiado las personas.

Y por cambiar las personas no me refiero sólo a que haya habido un importantísima baja en la plantilla, sino que esa baja también ha cambiado a la gente que sigue allí. Lo que antes era un paraíso ahora parece un funeral. Y todo eso provocado por la ausencia de un solo empleado, vale que muy importante, pero uno al fin y al cabo.

Esta circunstancia refrenda un pensamiento que he tenido muy presente durante toda mi vida: la vía más rápida para llegar al éxito es el colectivo. Y detrás de todo colectivo sólo hay una cosa: personas.

Pero es extremadamente difícil conseguir un colectivo que funcione de forma óptima. Al final un colectivo son múltiples piezas que deben encajar para funcionar como un motor bien engrasado para un fin común. Cada una de ellas tiene una naturaleza, forma y carácter, pero debe aprender a convivir con piezas de muy diferente naturaleza, forma y carácter y eso es muy difícil de conseguir. En el momento que eso se consigue y se obtiene un motor bien engrasado la vía hacia el éxito está preparada para afrontar cuantos retos se planteen por delante, todos serán superables ya que lo que una pieza no pueda afrontar otra será capaz de hacerlo.

Pero lo que nadie debe olvidar es que al fin y al cabo todas las piezas no son más que personas. Y en la vida cualquier decisión o acción tiene detrás una persona. Un programa de radio no tiene personalidad por sí mismo, se la dan sus locutores. Un equipo de fútbol no tiene un estilo, se lo dan sus jugadores. Una empresa no tiene identidad en su origen, se la dan sus dueños. Eso es lo que nos da un valor diferencial a cada uno de nosotros y nos permite saber de nuestra importancia dentro de esa gran partida de ajedrez que es la vida.

Seguramente cuando la Cadena SER vea las audiencias del nuevo Carrusel Deportivo en la competencia pensará que no valoró en su justa medida la importancia de las personas dentro del equipo. Sus motivos tendrán para no haber intentado retener ese enorme valor que manejaban, pero sean cuales sean no van a ser rentables a la compañía, eso es seguro.

Pero el poder del colectivo también puede volverse contra el individuo, ya que uno puede llegar a pensar que el éxito se mantendrá de forma individual y eso en la mayoría de los casos no suele funcionar. Una pieza puede hacer funcionar perfectamente un motor de gran cilindrada pero por sí sola puede no ser capaz de mover ni un ciclomotor. Eso no debe olvidarse.

Cuando el colectivo del que hablábamos va un paso más allá se llega a un estado donde la química entre las piezas provoca una fusión prácticamente irrompible. Uno se cree en ese momento capaz de afrontar retos que nunca se plantearía en solitario y que esa química le permitirá superar de una u otra forma. Esa fusión química y prácticamente irrompible es la que existía en Carrusel hasta hace sólo unos meses. La rotura de una sola de las piezas ha destrozado el motor. Y no sólo eso, ha provocado la rotura de cuantas piezas estaban cerca de ella. Pero la mejor característica de esos colectivos químicos es que son capaces de reproducirse allí donde quieran.

Hoy más que nunca me siento parte de Carrusel y me siento orgulloso del equipo que me rodea. ¡Sois los mejores, compañeros!

martes, 27 de julio de 2010

Ese tesoro llamado amigo

Recuperando las sabias palabras que un querido amigo me pronunció hace unas semanas: “Las crisis se curan con personas” me gustaría llevar a cabo una reflexión en voz alta acerca de uno de los mayores regalos que la vida me ha dado: mis amigos.

Toda mi vida he defendido que quien tiene un amigo tiene un tesoro, que la gente confunde con facilidad los términos conocido, colega y amigo. O mejor dicho los confunde respecto a lo que cada uno de ellos significa para mí. Al final no son más que palabras, pero suelen llevar a profundos debates acerca de su uso para unas u otras personas.

Bajo mi punto de vista uno puede tener decenas o incluso cientos de conocidos (más o menos tantos como amigos tiene en el Facebook). Cualquier persona que es susceptible de ser saludada o de saludarte ya se engloba en este grupo. Estos conocidos pueden tener infinidad de orígenes: ex compañeros de colegio, ex compañeros de trabajo, amigo de un amigo,… y todos ellos comparten una característica, se trata de gente a la que posiblemente no llamarías o citarías de motu propio jamás.

Luego están los colegas. Éstas son aquellas personas con las que uno comparte o ha compartido vivencias que le han permitido conocerlas más a fondo y tener un mayor grado de afinidad con las mismas. Los colegas son de vital importancia dado que permiten ampliar en gran medida el abanico de planes y disponer de compañía en momentos en los que uno lo necesita.

Y por encima de ambas categorías se encuentran los AMIGOS. Llamadme romántico, pero para mí se trata de una palabra de un valor incalculable. Como decía con anterioridad quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y esa analogía tiene más sentido del que parece en un principio. En efecto se puede realizar dicha aseveración por muchos motivos.

Se puede decir que un amigo es un tesoro dado que no es fácil encontrarlo, mucha gente dedica toda su vida a encontrar uno, sin en muchas ocasiones recibir recompensa alguna. Durante dicho periodo de búsqueda uno debe descartar otras baratijas bañadas en oro que aparentan ser un preciado tesoro, pero que en realidad no son más que eso, baratijas sin valor alguno. No es fácil darse cuenta de dicha diferencia dado que existen baratijas de todas las formas y colores, pero una vez se detecta una es fácil identificar el resto.

Otra característica que comparte un amigo y un tesoro es la protección que necesitan. Cuando uno encuentra un tesoro debe defenderlo a capa y espada con todas sus fuerzas protegiéndolo de cuanto pueda dañarlo. Con los amigos pasa exactamente lo mismo. Una de las principales obligaciones que tienen los amigos es protegerse entre ellos. No me refiero a un nivel físico, que también, si no a nivel personal. Uno siempre debe ser capaz de poner la mano en el fuego por cualquiera de sus amigos, sin dudarlo. Si uno duda de poner la mano en el fuego por esa persona debe dudar también de si se trata de un verdadero amigo.

Por último tal y como ocurre con cualquier tesoro un amigo requiere de un cuidado especial. Si uno deja de limpiar un tesoro posiblemente pierda todo su valor con el paso del tiempo. Si uno deja de cuidar a sus amigos posiblemente los pierda para siempre. Ese cuidar depende en gran medida del tipo de persona implicada en la amistad. Existen amigos que necesitan una llamada todos los días, otros una caña semanal y otros un cine al mes. Con ese cuidado siempre tendremos nuestro tesoro reluciente y disponible.

Con todo lo dicho espero haber conseguido explicar lo que significa para mí la palabra AMIGO. Otra cosa bien diferente es el uso que uno le dé de forma coloquial porque me parece lógico englobar a todos (conocidos, colegas y amigos) en un solo término por la simple comodidad que conlleva, pero en sus adentros cada uno debe tener muy claro qué puede esperar de cada quién.

No puedo más que sentirme el más feliz de los piratas por haber encontrado no solo un tesoro sino varios de ellos y espero que ellos se sientan relucientes porque los intento cuidar tanto como ellos a mí, que no es poco.

De nuevo tengo que deciros que sin vosotros no sería nada. Mil gracias por ser como sois, tesoros.


viernes, 23 de julio de 2010

El poder de los medios

No penséis los amantes del fútbol que este post tiene por objeto estudiar la importancia e influencia de los centrocampistas en el deporte rey. No, no es ese el objetivo. Quizás en otro momento. La idea es intentar expresar algo acerca de uno de los temas que siempre he tenido en mi particular y modesto tintero: el poder de los medios de comunicación.

Durante muchos años uno se mantiene, por desconocimiento o desinterés, totalmente ajeno a la vida político-social de su país. Decenas de términos resuenan en su cabeza sin saber siquiera a que se refieren. Republicanos, comunistas, rojos, independentistas, capitalistas, monárquicos, grises, nacionalistas, católicos, protestantes y un largo etcétera que daría por si mismo para llenar todo un post. Tampoco es mi intención levantar un aburrido debate acerca de cuál de los términos citados son los más apropiados o cuál es el que más beneficia a cada cual (quizás algún día me anime ;D). Lo que realmente me interesa es su estrecha relación con los medios de comunicación y la forma en la que los mismos aprovechan su influencia en la sociedad.

Desde mi más profunda ignorancia del gremio, quiero pensar que existirá una especie de código ético que rija de forma no impositiva el comportamiento de los periodistas y les impida mentir sistemáticamente con conocimiento de causa. Si realmente es así, ese código está siendo maltratado y vilipendiado a diario. Uno tiene la sensación de que las grandes entidades que rigen la sociedad: partidos políticos, grandes empresas, entidades financieras,...son los que en gran manera escriben los guiones o por lo menos las directrices de las noticias que cada medio ofrece a su público. Y es en este punto donde uno se da de bruces con una triste realidad. El pueblo basa su opinión en la información que recibe de un medio u otro, pero rara vez nos apoyamos en medios cuyas opiniones difieren de lo que uno desea leer o escuchar. Eso lleva a una situación que me gusta denominar inmovilismo.

Es como si uno tiene un amigo que siempre le dice lo majo que es y otro que no le puede ni ver. Si siempre preguntas al mismo amigo nunca sabrás la verdad, pero el día que quien no te puede ni ver te diga que eres majo te darás cuenta de que estás haciendo las cosas bien.

Dicho lo cual y siendo consciente que es el citado inmovilismo una de las principales actitudes del pueblo, llego a la conclusión de que de una forma u otra los medios de comunicación dirigen el mundo desde sus plumas, teclados y micrófonos. Tenemos casos muy llamativos que me gustaría recordar para esclarecer de dónde nacen mis opiniones.

¿Alguien recuerda la vergonzante diferencia con la que los medios informaron acerca del 11-M? Si esa gente no tiene remordimientos para jugar con 200 familias recién destrozadas y la información que les transmitían, ¿con qué tendrán remordimientos? Porque con la misma info, unos tenían clarísimos unos responsables y otros tenían clarísimos otros responsables a miles de kms de distancia...

Y ¿qué me decís de las gripes aviar y porcina? ¿conocéis muchos afectados? Mi abuela estuvo a punto de dejar de salir a la calle por miedo a ser contagiada. Y no quiero ni pensar la de empresarios porcinos y avícolas que acabaron en la quiebra mientras mastodontes farmaceúticos llenaban sus bolsillos por culpa de aquellos "diabólicos brotes de gripe".

El gran problema es que los informativos han dejado de ser informativos para convertirse en opinativos y llegados a este punto desaparece la tan preciada objetividad. Soy de la opinión que la misma no existe dado que detrás de todo, hay un individuo con sus propias opiniones. Pero cuando la información se malinterpreta de forma intencionada llegamos de nuevo al objetivo de muchos intereses, el antes mencionado inmovilismo.

Más sangrante es si cabe el periodismo deportivo. El mismo aprovecha su poca influencia en la sociedad para directamente inventar noticias como modus operandi. No voy a extenderme en esta rama porque daría para un blog entero, pero os aconsejo que le echéis un vistazo a esta web para entender a lo que me refiero.

En resumen creo que la influencia de los medios en la sociedad es demasiado fuerte como para que se permita mentir o manipular la información con fines lucrativos. Algún día si los medios siguen acumulando poder, gobernarán el mundo. Tiempo al tiempo.

miércoles, 21 de julio de 2010

La balanza de la confianza

Uno se encuentra en todos y cada uno de los ámbitos que le rodean (sentimental, laboral, familiar, amistoso,…) situaciones en las que debe apoyarse en uno de esos invisibles mecanismos que el complejo cerebro humano tiene en sus adentros: la confianza. Y digo esto porque conforme uno va cumpliendo años y acumulando experiencias sobre sus espaldas se da cuenta de la importancia que adquieren ciertos valores humanos que años atrás parecían sólo palabras. De todos ellos uno de los más importantes, por no decir el que más, es la confianza.

Siempre he tenido la opinión de que en la vida existen dos tipos de personas: las que por defecto se fían de la gente y las que por defecto hacen todo lo contrario, desconfiar de todo el mundo. Yo me considero de los primeros. Parto de la base (quizás equivocada) de que el ser humano no tiene malas intenciones conforme nace. Es por ello que siempre hay que dar un voto de confianza a las personas cuando no se las conoce, o eso es lo que yo pienso. Si uno se para a pensar, la confianza es fundamental en el día a día para poder sentirse realizado con uno mismo. Se pueden poner ejemplos de todo tipo ya que como comentaba al principio afecta a todos los ámbitos de la vida.

Por ejemplo y sin ir más lejos la confianza es en mi modesta opinión la base de cualquier relación sentimental que quiera llegar a buen puerto. De existir, esa confianza te permite estar tranquilo en esos momentos en los que otros se comen las uñas, se suben por las paredes o se ponen a golpear lo primero que pillan por delante.

En el trabajo, te permite estar tranquilo cuando delegas en alguien que es de tu confianza, mientras que por el contrario te hace estar a la expectativa cuando delegas en alguien que no es totalmente de tu confianza.

En el fondo el funcionamiento es muy sencillo. Si una persona te pide que confíes en ella y no te defrauda fortalecerás ese vínculo de confianza existente entre ambos. Ese vínculo es bidireccional, ya que normalmente esa gente en la que has confiado confiará en ti también. De esta manera a lo largo de las experiencias uno va rodeándose de gente de confianza cuya palabra tiene incluso más valor que un frío papel empapado en tinta. Ese tipo de gente es de la que uno debe rodearse aunque también es cierto que es sin duda la más difícil de encontrar. Este es el mejor de los casos: tú confías en alguien y ese alguien no te defrauda, pero ¿qué pasa si confías en alguien en quién no debías y te juega una mala pasada?

En ese caso la sensación es bastante más desagradable. Al fin y al cabo tal y como dice Laurence Cornu, “La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro.” y como cualquier hipótesis siempre tiene algo de incierto. Pero lo que uno siente cuando defraudan a su confianza es, sea cual sea el motivo de dicho fraude, una terrible sensación mezcla de engaño, duda y por supuesto desconfianza. Una desconfianza que dependiendo del asunto y el fraude en cuestión puede no convertirse nunca más en confianza. Dentro de esas situaciones el caso más irritante es el de aquellas personas que aprovechan la confianza labrada a lo largo del tiempo para fallarte en el momento más inoportuno. No importa que nunca me hayas fallado en cosas insignificantes si al final me fallas cuando más te necesito, así funcionan las cosas.

Al final yo veo la confianza como una balanza. La gente que te ha pedido su confianza y no te ha fallado tiene la balanza totalmente de un lado. La gente que de buenas a primeras te falla de forma sistemática romperá la balanza de forma irreparable y aquellas que te fallan en las situaciones más importantes tendrán que poner mucho peso del otro lado para no terminar de romper la balanza.


viernes, 9 de julio de 2010

El miedo, ese mal consejero

Llegan momentos en la vida en que uno se ve empujado, sin quererlo, a tomar decisiones. Cuando la salida de ese túnel infinito que os presenté la semana pasada sigue moviéndose sin intención alguna de parar para dejarnos ver la luz que tanto prometía, es momento de tomar decisiones. No precisamente fáciles, pero decisiones al fin y al cabo.

Y llegados a este punto es difícil valorar de forma fría los pros y contras de cada opción: tomar la salida de emergencia, esperar por fin que la salida deje de moverse, seguir corriendo hacia ella a sabiendas de que el oxígeno se puede terminar a mitad de camino...

Pero en cualquiera de las opciones que supongan un cambio, existe un factor común que todos conocemos muy bien, EL MIEDO. Ese miedo a tomar la decisión correcta y no equivocarse, ese miedo a volver la mirada atrás y darte cuenta que no has elegido la mejor opción, ese miedo al cambio, a empezar de cero.

Como bien decía El canto del Loco en su canción Y si el miedo: Y si el miedo me arrastra hasta el sitio en que no quiero estar, y si el miedo me gana este pulso, y si el miedo me invita a mí solo a jugar...pues ante todo eso sólo queda una opción: darle la espalda a ese miedo que nos impide enfrentarnos a la realidad y mirar hacia delante.

Dicho todo esto, no es nada fácil deshacerse de ese miedo que te impide ver las cosas con claridad, que te hace ver sólo los contras de esas opciones que suponen un cambio, que llena de obstáculos las mismas y que al fin y al cabo te empujan a no tomar una decisión "arriesgada". Forma parte de nuestro subconsciente, pero en el fondo es MIEDO.

Ante este tipo de situaciones como he comentado antes es importante no tener miedo al cambio, no debe plantearse esa opción como "y si en vez de ir a mejor voy a peor", si no todo lo contrario, se debería pensar "seguro que todo va a ir mejor" y usar ese planteamiento como motivación para tomar decisiones que no te hagan estar las 24h del día pensando en que te has equivocado o no te has equivocado. Y digo esto porque normalmente el miedo del que hablo no es realmente miedo a que la que uno haya elegido sea la mejor opción, sino a que lo que uno deja atrás se convierta en un oasis que rebose felicidad y éxito. Ante esto sólo cabe una opción alegrarte por partida doble, por un lado por quiénes dejas atrás y por ti por haber sido lo suficientemente "arriesgado" para tomar esa decisión a la que el miedo nunca te habría empujado.

Es por todo esto por lo que creo que el miedo es junto a las prisas el peor de los consejeros, pero el primero de ellos puede minimizarse mediante actitudes y planteamientos como los planteados en líneas anteriores, por desgracia el segundo no depende de uno mismo.

La conclusión a tanta reflexión es que nunca se deben tomar las decisiones pensando en lo que se deja atrás, si no en lo que se tiene por delante.

domingo, 4 de julio de 2010

El túnel infinito

Muchas veces la vida nos pone frente a decisiones para las que uno nunca está del todo preparado. No es una cuestión de pros y contras de cada posibilidad a elegir, es una cuestión emocional y como tal sólo la persona, el sujeto decisor puede llegar a entenderla. Es inútil tratar de explicar a nadie la situación y esperar que ése alguien pueda darte ese "sabio consejo" que necesitas para dar el paso adelante en una u otra dirección, siempre existirá esa parte del subconsciente que es más poderosa que cualquier consejo recibido. Por supuesto ese subconsciente es al fin y al cabo manejado por uno mismo y llegado el momento su influencia en las decisiones puede ser decivisva hacia uno u otro de los destinos posibles.

Cuando esa toma de decisiones se sostiene durante un largo periodo de tiempo, uno tiene la sensación de que está en el interior de un largo túnel avanzando hacia una supuesta salida en la que todo, hasta la luz que la ilumina, es de color de rosa. Y digo supuesta porque nadie la ha visto, ni siquiera ha estado cerca, pero el simple hecho de pensar que está ahí es suficiente para seguir andando hacia delante esperando que un día deje de moverse y se quede dónde está, permitiendo de una vez por todas tocar esa luz rosa que indica el final del camino sombrío y el inicio de un futuro lleno de luz y color.

El gran problema de los túneles es conocido por todos, cuanto más dentro se está más cuesta volver a la entrada. Uno ni siquiera ve la luz en el origen de la travesía, allí todo está apagado y solitario sin nadie esperando, sin nadie capaz de ayudarte a volver a empezar la travesía. Esa extraña sensación deja al individuo en una tesitura ciertamente incómoda, sólo puede avanzar hacia delante porque sin duda parece que la salida está más cerca que la entrada...pero toda travesía tiene su final y el mismo puede llegar de varias maneras, o bien llegando a la salida o volviendo a la entrada (que ya no se ve) o en el peor de los casos por la falta de oxígeno se muere en el intento...

Gracias a Dios todos los túneles tienen salidas de emergencia a ambos lados que permiten en un momento dado obtener ese oxígeno que puede ayudar a seguir con vida al solitario caminante. Cuando uno avanza decidido hacia esa rosa salida que durante tanto tiempo ha ansiado y tan claramente ha visto en sus sueños no se da cuenta de muchas cosas que suceden a su alrededor, entre otras no se percata de la existencia de dichas salidas. ¿Han estado siempre ahí? ¿Por qué no las he visto antes? ¿Estarán cerradas con llave o podré abrirlas cuando quiera?

Lo peor de todo es que todo el mundo cree que dichas cerraduras son casi imposibles de abrir a día de hoy, pero ante esto uno debe confiar en que su llave sea diferente a las que usa el resto del mundo, que será capaz de abrirlas cuando lo necesite sin tantas dificultades como la gente de fuera del túnel opina. La gran consecuencia de la apertura de estas salidas de emergencia es que según quién sea el que las abra puede suponer una vía de escape para todo aquel que desde dentro del túnel necesite el oxígeno de forma inmediata y esa puerta les haya abierto los ojos y le haya dejado ver una luz que esta vez sí deja de moverse, está ahí y cualquiera puede tocarla con sus propios dedos.

Pero conforme uno se acerca a una de esas salidas de emergencia se da cuenta de que la rosa salida del túnel se ilumina con más intensidad que nunca y enseguida llegan las dudas, ¿y si la salida vuelve a moverse y a alejarse como tantas otras veces?¿llegaré a tiempo antes de quedarme sin oxígeno? Y si tomo la salida de emergencia y la salida deja de moverse, ¿para qué habrán valido todas las heridas que he sufrido durante la travesía? Pues llegado ese momento uno debe pensar que esas heridas no caen en saco roto, son un gran indicativo, un aviso que evitará volver a meterse en uno de estos túneles infinitos donde a veces sin comerlo ni beberlo uno se ve metido.

Esperemos por lo tanto que por un lado las cerraduras de las salidas de emergencia puedan abrirse con la llave que uno siempre lleva encima y por otro que la salida deje de moverse y sea alcanzable antes de que el oxígeno se termine dentro del túnel.

sábado, 26 de junio de 2010

Redes sociales: un arma de doble filo

Coincidiendo con el descubrimiento de una de las pocas redes sociales que aún no conocía, LinkedIn, me ha venido a la cabeza expresar una opinión acerca de este tema tan de moda en la sociedad española: las redes sociales.

Como ocurre con tantas otras cosas no es fácil clasificar las redes sociales como algo positivo o negativo, todo depende del uso que se les dé a las mismas.

Lo que nadie puede poner en duda es que las redes sociales ofrecen a sus propietarios la posibilidad de disponer de algo con un valor incalculable: la información personal de millones de personas. Es un hecho realmente curioso, siempre hemos huido de ofrecer nuestros datos personales a empresas de telemarketing para reservar nuestra intimidad y ahora sin embargo los ofrecemos de forma totalmente gratuita a todo el mundo que disponga de una conexión a Internet. Supongo que muchos estaréis pensando que esos datos son opcionales y que pueden esconderse tanto como uno quiera, pero el simple desconocimiento de la gran mayoría de la forma en que dichos datos pueden obviarse provoca que los mismos estén al descubierto para todo aquel que lo desee. Muchos pensarán que no se hace daño a nadie por publicar dichos datos, pero quizás no hayan llevado a cabo una reflexión más profunda al respecto. Yo no soy ni mucho menos un experto en la materia dado que sólo empleo Facebook y desde hace apenas unos días LinkedIn, por lo que voy a centrarme sólo en la primera de ellas ya que es la única que puedo juzgar con conocimiento de causa.

El fenómeno Facebook se ha expandido como la pólvora y no conozco persona en el mundo que no haya oído por lo menos mencionar esta red. Puede ser un sistema excelente para mantener el contacto con esas personas a las que ves mucho menos de lo que te gustaría y para sentirte más cerca de gente que geográficamente esté lejos de tu lado. Además de cara a publicitar un comercio, una web, una organización...es realmente útil ya que te permite que cientos de personas puedan recibir un mailing masivo sin apenas esfuerzo.

Pero Facebook también tiene un peligro: puede ser una fuente de información pública que no nos gustaría que todo el mundo conociera. Con la correcta configuración, el grado de publicidad de cada tipo de información puede controlarse casi al dedillo, pero normalmente por pura pereza la gente suele dejar toda la información disponible al mundo en general con el grave peligro que puede conllevar eso. ¿Alguna vez habéis pensado que las empresas de selección de personal ya usan este tipo de redes para hacer un estudio previo de los individuos incluidos en el proceso de selección? Estoy seguro que a muchos de nosotros no nos gustaría ir a una entrevista de trabajo en la que tendremos enfrente a una persona que nos ha visto de fiesta o en situaciones que no nos dejan en buen lugar...Esto es sólo un ejemplo, pero se me vienen a la cabeza mil de este estilo. Al final lo importante de este tipo de redes es darle el uso correcto a cada uno de ellas.

Otra cosa que me hace mucha gracia de Facebook es el concepto "amigo". Conozco gente que tiene cientos de amigos. Apostaría lo que fuera a que de esos cientos de "amigos" existen cerca de un 20% que ni siquiera sabe quién son. Así de triste. Qué más me da que está pensando alguien que no se ni quién es. Qué importancia tiene saber con quién ha estado de viaje en Las Maldivas si ni siquiera sé de dónde es. En fin, cada uno tiene un concepto de la palabra amistad y no es mi intención abrir ahora un debate al respecto de cuántos amigos de verdad se tienen en la vida (no más de 5), pero yo entiendo que dentro de ese concepto "amigo" de Facebook deberían entrar Amigos, Colegas y Conocidos, nunca desconocidos que te han solicitado ser tu amigo...Lo que nadie puede poner en duda es que Facebook ha cambiado muchas cosas de la actual sociedad. Ya no se queda para celebrar una fiesta con una invitación o un SMS, ahora hay que crear un Evento en Facebook. Si no, no molas.

En fin Facebook es una red que bien utilizada ofrece una cantidad ingente de recursos para que cada uno los use como le venga en gana. Bien empleados Facebook puede considerarse el Google del siglo XXI. Un concepto que ha cambiado la sociedad de la información y que ha calado como nunca antes había visto en la sociedad en la que vivimos.
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martes, 22 de junio de 2010

Concursos públicos: ¿de verdad fomentan la evolución del país?

Que nadie se asuste que no voy a convertir este blog en un aburrido y profundo baúl de debates políticos. Este post no tiene nada que ver con rosas o gaviotas, con derecha o izquierda, sólo intenta ofrecer un punto de vista crítico acerca de una de las principales deficiencias que un servidor percibe en los mecanismos que rigen al país en el que a uno le ha tocado vivir.

Tras más de dos años trabajando al servicio de la Administración Pública uno es capaz de tener una opinión con criterio acerca de uno de esos aspectos de los que casi todo el mundo duda pero de lo que casi nadie habla: los concursos públicos.

Quede claro antes de nada que esta opinión no es una pataleta después de una mala experiencia, o un calentón tras una derrota digamos "irregular". Muchas otras veces hemos sido nosotros los ganadores y la opinión al respecto se ha mantenido intacta. Espero que esto quede muy claro.

Uno entiende que los concursos públicos tienen por objetivo el fomento de la competencia de cara a mejorar en todos los aspectos las infraestructuras y servicios de un municipio. Ése debería ser en un principio la razón de ser de estos concursos públicos, pero con el paso del tiempo y con la experiencia adquirida uno se da cuenta rápidamente que ese objetivo queda en un segundo plano respecto a intereses de otra índole para el municipio o el adjudicatario. A mucha gente esto le sonará a un capítulo del folletín Camps/Correa, pero ese caso no es más que la punta del iceberg para un mecanismo que a día de hoy no ofrece los resultados que la Administración Central creo que desearía.

No tengo intención de mencionar casos concretos ni detalles escabrosos que muchos de vosotros estaréis esperando, porque al fin y al cabo no son más que percepciones que uno tiene y no puede probar de ninguna de las maneras, pero ese tufillo a podrido en muchos de los concursos para los que un servidor y sus compañeros han tenido que preparar grandes ofertas llenas de horas de trabajo y esfuerzo invade el aire que nos rodea.

La situación es muy sencilla. No soy un entendido en leyes ni lo pretendo, pero de lo que he aprendido espero poder daros un vistazo de cómo es el proceso de adjudicación de este tipo de concursos.

Los concursos se adjudican en función de una puntuación, habitualmente hasta 100 puntos, de los que como máximo 49 puntos pueden ofrecerse de forma subjetiva. El resto de puntos se adjudican a través de mecanismos automáticos dado que no están sujetos a juicios de valor (precio, duración de la garantía, plazo de ejecución,...). De esta manera uno puede pensar que se evitan las adjudicaciones "a dedo" dado que a "un amigo" uno sólo puede otorgarle 49 puntos y eso no te puede asegurar la victoria. Pero eso no es tan así, ya que es prácticamente imposible que de los 51 puntos restantes "un amigo" saque 0 puntos. En este escenario bastaría puntuar con la cantidad de puntos necesaria "al amigo" y dejar al resto de licitadores con los puntos necesarios para quedar ligeramente por detrás.

Llegados a este punto uno tiene que fiarse de esas personas encargadas de emitir los juicios de valor, pero muchas dudas atacan a la consciencia:

-¿No ayudarías tú a un amigo en mala situación si estuviera en tus manos?
-¿No intentarías que un familiar fuera el adjudicatario de dichos concursos?
-¿No cederías a posibles presiones externas para variar dichos juicios de valor?

Pues para mí sinceramente sería muy difícil no verme influenciado por ninguno de esos u otros factores a la hora de llevar a cabo mi juicio, así es que supongo que la naturaleza del ser humano es el principal problema para evitar la óptima evolución del país.

Ojalá alguien diera con la solución a este problema, dado que los principales beneficiados seríamos los contribuyentes y los trabajadores "no politizados".

A ver si entre todos arreglamos el país ;D

lunes, 21 de junio de 2010

La importancia del horario en el trabajo

Todos los años llegadas estas fechas me vienen a la cabeza las mismas reflexiones acerca de las costumbres horarias existentes en las empresas españolas. Se acerca el verano y unos pocos privilegiados (cada vez más gracias a Dios) disfrutamos de la tan deseada jornada intensiva.

Siempre he pensado que el tiempo es, llegados a cierto punto de la vida, uno de lo bienes más preciados que uno puede disfrutar. La disponibilidad del mismo está sujeta a diversos factores que en gran medida uno no puede elegir: la distancia al trabajo, el transporte disponible y por encima de todos ellos el que marca el estilo de vida de una persona: EL HORARIO LABORAL.

Para mí ésta es sin duda la gran arma que un empresario puede emplear para mejorar el rendimiento y estado anímico de un grupo de trabajo. Existen miles de preguntas acerca de la idoneidad de este tipo de horarios, pero en mi opinión todas las respuestas están sujetas a qué tipo de trabajador tengas en tu empresa. Es muy sencillo.

Una empresa que cuente con un grupo humano sacrificado y comprometido con el óptimo funcionamiento de la misma (llamémosles trabajadores A) no notará pérdida de productividad con la implantación de este tipo de horarios, es más, posiblemente las horas dedicadas al trabajo sean mayores cuando lleguen picos de trabajo y la actitud durante las mismas será mejor dado que el trabajador siente una falsa sensación de estar en periodo vacacional. Esa falsa sensación se debe a la capacidad de disponer de ese bien que antes mencionaba, el TIEMPO. Tiempo para dedicar a lo que cada uno prefiera, pero tiempo al fin y al cabo. Porque haciendo sólo una o media hora menos de jornada (a recuperar como se considere oportuno) uno llega a su casa 4 horas antes, y eso pese a no tener precio es un valor enorme.

Sin embargo si una empresa cuenta en plantilla con ese otro tipo de trabajadores (llamémosles trabajadores B) que van a la oficina a fichar con la mentalidad de "mañana será otro día" posiblemente se encuentre con muchas situaciones que le lleven al convencimiento de que el año que viene se acabó...no más jornada intensiva. Es aquí donde desde el punto de vista del empresario no puedo más que darle la razón y a su vez donde radica la solución a este tipo de problemas: rodéate de trabajadores A y no dudarás en aplicar la flexibilidad horaria que te venga en gana porque sabrás que en el momento que haga falta un esfuerzo esa flexibilidad se volverá a tu favor. Esas actitudes son las que una selección de personal debería percibir mediante los mecanismos que los profesionales en la materia estipulen, pero se trata de la base del éxito para cualquier proyecto a llevar a cabo. Además una mayoría de A's suele conllevar la transformación, aunque sea parcial, de esa minoría de B's que pudiera existir...

Al final la implantación de este tipo de horarios siempre benefician más a unos (B) que a otros (A), pero lo que está claro es que no perjudican a nadie, dado que la posibilidad de poder contar con un solo día con ese tipo de horario ya mejora notablemente la calidad de vida de cualquier trabajador.

Es una simple reflexión en voz alta que siempre me viene a la cabeza en estas fechas como buen A que soy.

PD: Esto de poner iniciales me recuerda a alguien...