sábado, 25 de septiembre de 2010

Algo se muere en el alma

El 8 de febrero de 2008 comenzaba una de las etapas más importantes en todos los aspectos que me ha tocado vivir. A veces disfrutar y otras sufrir. Tras un debate moral inevitable en este tipo de circunstancias decidía cambiar un trabajo estable, en una empresa modélica, codo con codo con uno de mis mejores amigos por una empresa medianamente joven, con muy buenas intenciones y olor a proyecto ganador.

Han pasado ya más de dos años y medio desde aquel día en que entraba por las puertas de Neomedia tímido y distante pero con ganas de comerme el mundo. Dos años y medio en los que he vivido más de lo que mucha gente vive a lo largo de toda su vida. Durante todo ese tiempo he podido compartir vivencias, experiencias, conocimiento con auténticos superclases del mundo de las telecomunicaciones. Cracks de los que he intentado aprender las 24 horas del día, sacando lo mejor de cada uno de ellos.

Aún tengo frescos esos diseños de red que comenzaban en un papel en blanco y Pablo y yo convertíamos en un auténtico Picasso. O esa mítica conversación telefónica con Embid convirtiendo un desastre en el mayor de los éxitos. Por no hablar de aquel día en el que todo pasó del más absoluto fracaso al más rotundo de los éxitos con sólo introducir cuatro letras blancas sobre una pantalla negra. Inolvidables fueron también mis visitas para hacer del FIB un lugar mejor. Todo eso y mucho más quedará en mis adentros para siempre.

Pero lo que más quedará en mis adentros serán las personas. Nunca en mi vida he visto ni creo que vuelva a ver un grupo humano como el que he podido compartir durante estos dos años y medio. Y me refiero a grupo humano, no a conocimiento o inteligencia. Gente con los mismos valores en los que uno se podía apoyar siempre que lo necesitaba. Personas que ponían muy cerca la frontera entre compañero de trabajo y amigo, llegando incluso a cruzarla. Y esa era la base del éxito del proyecto. Cualquier empresa del mundo mataría por contar con ese valor que yo jamás he conocido en un grado tan superlativo.

Lo mejor de todo es que ese grupo esté donde esté seguirá siendo el mismo. La sinergia existirá siempre entre esas personas que han sido capaces de hacer lo que poca gente estaría dispuesta a hacer. Los caminos de cada uno les llevará a puntos diferentes del mundo, pero esa sinergia les unirá, yo creo, para siempre.

Pero como es normal no todo ha sido de color de rosa. Sin duda lo peor ha sido perder por el camino a gente con la que he compartido mis más íntimas confidencias. Gente que ha quedado lejos por motivos que no son responsabilidad ni mía ni de ellos. Pero con los que también estoy seguro de recuperar aquellos momentos vividos, esas risas pegadizas, esos romances clandestinos (no míos claro),...Desde estas líneas os pido perdón por lo olvidados que os he tenido durante más de un año, pero todos sabemos que era lo mejor para todos en ese momento.

A nivel profesional he descubierto hacia dónde quiero que se dirija mi carrera, algo que siendo sincero no tenía nada, nada claro. En este tiempo he descubierto mis virtudes y defectos profesionales y los creo haber sabido encaminar hacia un perfil que responde a mis características. Ese sin duda es el mayor valor profesional que extraigo de esta experiencia. No es fácil poder decir "ya sé lo que quiero ser de mayor", pero ahora mismo yo lo podría decir con la boca bien grande.

Pero si algo me ha enseñado Neomedia durante estos dos años y medio ha sido sin duda a convertirme en un hombre. He tenido que tomar muchas y muy difíciles decisiones a lo largo de esta etapa. La mayoría de ellas profesionales, otras personales. Decisiones que me han obligado a madurar antes de lo que mi cuerpo tenía previsto. Me han obligado a afrontar situaciones que uno no espera vivir en su vida. Pero de todas ellas he salido airoso y lo mejor de todo con la cabeza muy muy alta.

No ha sido una decisión nada, nada fácil, pero mi cuerpo ha dicho basta y ante eso no hay voluntad, ánimo o fuerza que pueda combatir. He perdido la ilusión y eso me ha servido para darme cuenta de que ése y no otro es el motor de las cosas. Sin ilusión no somos más que un títere que necesita que sean los demás los que le obliguen a hacer las cosas, y ese no soy yo ni la imagen que quiero que quede de mí.

Siempre me quedaré con lo mejor de todos y cada uno de mis compañeros e intentaré borrar la cara B de las cosas, esa que todos tenemos pero que sólo enseñamos en momentos muy puntuales de la vida.

Gracias por todo lo que me has dejado vivir entre tus cuatro paredes, Neomedia.